

Me atrapó. Hasta su penúltimo capítulo 😂. Por aquello por lo que a uno siempre termina gustándole una novela o una película: porque su final es impredecible. Lo interesante es la tentación - auspiciada únicamente por el autor; ahí no tenés nada que ver vos. Despreocupate. Estás presa de los designios del autor sin poderte mover. He ahí su genialidad - de tratar de imaginar una explicación complicada a un final que aún no llegaba, y que luego se revelaría la más sencilla. Y sí. Por eso su genialidad. En que a pesar de que el desenlace es el más esperable... no lo imaginarías.
Pero vamos por partes. Desde el principio. Hay una pintora loca -como lo debe estar un artista - que mata a su marido. Acto seguido ¿qué hace? Se queda muda -literalmente- durante años, sin que nadie sepa por qué lo hizo. Ahí aparece un psiquiatra, el héroe de la historia, que ha visto en este ser mitológico su reto y a la vez oportunidad de consagración profesional. Pues, imaginte poder decir que el caso más mediático de la última década lo has podido desentrañar. Tirósele pues en plancha a la loquita de los cuadros. Y la hizo hablar. El final? Que el loco desquiciado y psicópata era el psiquiatra (qué raro). Una locuraaaaaaaa!Lo interesante es el recurso literario utilizado por Michaelides para dejarte creer que el protagonista era el antagonista, y viceversa. Difícilmente encontramos un autor que enfrente la escritura de forma distinta a la de describir los hechos en orden cronológico. Aún así, y cuando no lo hacen, encontramos al autor siendo específico en esta decisión y dejándonos conocer el estadío temporal en el que nos econtramos dentro de la novela. Pero es que en el caso de La paciente silenciosa, no hay tal claridad. Y el autor lo decide así a sabiendas de que la historia no perderá coherencia en ningúno de sus pasajes.
Mucha emoción me casusó la alegoría al mito de Alcestis. Es verdaderamente de una belleza poética, sublime. Y sí. Esto lo digo aceptando el sesgo y la debilidad que me produce todo lo que huela a historia y reinterpretaciones del mundo clásico, del mundo griego, de Roma. Más allá del uso y pretensiones literarias del autor sobre Alcestis, para mí el conocer este mito implicó, como muchas otras obras griegas, algo así como una de esas parábolas bíblicas que te deja una lección de moral que, para el caso, trata sobre la lealtad. Es posible que sea precisamente eso lo que haya influído en la buena sensación que me dejó esta novela, justo en un momento en que en mi familia cuestionamos, nos preguntamos y valoramos el sentido de la lealtad. Pero bueno, chismes pa’ después. En todo caso, que este sea también una excusa para reivindicar el sentido del arte, la literatura, la música, el teatro, que son además alegoría, metáfora.Volviendo al principio de esta entrada, una última reflexión. Nos dijo Ockham -sí, aquel monje filósofo de la baja edad media y colega de Guilermo de Baskerville en la resonada obra de Umberco Eco, el Nombre de la Rosa- que, de existir dos posibles explicaciones a un mismo dilema ó cuestión, aquella de mayor sencillez, o menores complicaciones, sería probable que fuera "la explicación más correcta". Menciono esto con motivo del primer párrafo de esta entrada. Pero de hecho es un concepto que se utiliza en diferentes disciplinas como matemáticas, estadística, inteligencia artificial, astronomía, física, biología, psicología, y con profundas implicaciones en la vida cotidiana. Se le conoce con el nombre de la “Navaja de Ockham”: una que yo no supe usar. Te reto entonces a que me cuentes cómo te va aplicando la navaja de Ockam a esta novela el día que la estés leyendo. Estaré atento.
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